Entre el cielo y el infierno

La ira, la bronca, el miedo y mis miedos me pusieron...

Entre el cielo y el infierno

Primer parte de la historia:


La Tierra


Hacia ya mas de tres horas que venia caminado por la misma senda, me encontraba en un barrio un muy oscuro y más de noche. Había poca gente a mí alrededor, pero las pocas que había era bastantes tenebrosas. En sus caras se reflejaba un terror absoluto acompañado por miedo y desolación. El humo de mi cigarrillo les tapó las caras por un momento y esto me permitió seguir.
En ese momento el pánico me invadía como nunca lo había hecho antes, empezaba a sentir lo que comúnmente llamamos “Miedo”.
La neblina que bordeaba la vereda en la que caminaba, hizo que el miedo que sentía me paralicé por completo. Permanecí inmóvil por mas de un minuto, mientras la espesa bruma se adueño de mis piernas. Después observe hacía el cielo y no pude distinguir entre las espesas y cardas nubes negras también el opacado y triste cielo que moraba encima de mi cabeza. Relámpagos y truenos resonaron en todo el cielo haciendo que la gente que tanto miedo me daba escapara de la lluvia. Todos espantados corrían para cubrirse de la tormenta como si la muerte estuviera asechando las calles. Y de a poco la neblina fue desapareciendo
Corrí hacia un árbol que se encontraba no muy lejos de donde estaba y ahí me quede por unos instantes. Mire nuevamente como todos se refugiaban, y un grupo de seis personas bastantes corpulentas se acercaban hacia donde estaba. Cuando las vi estaban demasiado cerca para poder escapar. Dos de ellos, los que iban primeros, me agarraron de los brazos y me llevaron hacia la calle. La lluvia era pesada y me costaba ver bien quien eran los que me sostenían. El resto de las personas que acompañaban a estos dos se fueron acercando de a poco, hasta formar un semi circulo ante mí. Uno más grande salió detrás de ellos y corrió a los que le interferían en el camino hacía mí. Antes de que llegue uno me golpeo muy fuerte en la boca del estomago provocándome dificultades para respirar. Fue una sensación bastante horrible y más en esa situación tan de película. Me agarró la cara y me hizo mirar el cielo, vi como los relámpagos iluminaban la cara de siniestra persona.
Tenia un ojos de color púrpura y el otro de color rajo, su mirada era penetrante y maquiavélica como su larga cara; su pelo fino y negro le daba un aspecto vampiresco. Su piel blanca reflejaba el brillo de los rayos que corrían por el firmamento. Se acerco y me dijo:
-Llegó tu hora... - con una voz muy particular a su persona. Lo mire y baje la cabeza.
-¿Como?- dije entre cortado.
- El impulso hacía el amor, llevado al limite, te llevara hacía la muerte...
- ¿Qué? ¡Tu no sabes quien soy! ¡Y a ella tampoco la conoces!- Le grite con furia. Se río fuerte tapándose la cara. Me soltaron y habíamos quedado frente a frente.
-El si sabe quien eres y a quien buscas... ¬ me susurro en el oído y nos quedamos mirándonos por un momento. Un trueno le reflejo la irritante sonrisa y mi bronca había pasado a ser odio.
-¿Quién? ¬ Le pregunte y me tire al piso llorando.
-Ya sabes... a quien me refiero. A llegado la hora de que pruebes de cuanto eres capaz de soportar por lo que estas buscando. Hasta el próximo encuentro... muchacho -
En mi rostro se reflejaba una impotencia incomparable igual que en el charco en el que estaba arrodillado. Llore y seguí llorando hasta desahogarme completamente de todo lo que sentía.
Había parado de llover pero el cielo seguía negro, despacio me fui levantando y con mucho odio camine hacia el fin de la calle después de ahí marche toda la noche sin un rumbo especifico, mis ojos cansados no me decían por donde estaba yendo. No sentía ya los latidos de mi débil corazón y mis piernas no respondían a mis ordenes. Legue a tal punto de cansancio que sentía todo el peso del cielo en mis hombros.
Un veloz trueno choco en un gran árbol que estaba ahí, es de lo único que me acuerdo por que después de eso fue cuando caí de lleno al suelo.
No tengo la noción justa del tiempo que estuve tirado en el piso pero lo que sí se es que estuve el tiempo justo para que mi cansado cuerpo tomara las energías necesarias para seguir el largo camino que todavía me quedaba por recorrer.


Ante infierno


Me encontraba en un lugar diferente, nunca antes había visto este tétrico lugar. Era completamente un desierto, adornado con humo y neblina; había muy poca vegetación y un árbol cada tanto. Los pocos árboles que había estaban secos y las plantas que pude llegar a ver tenían olores exóticos.
Mire a mí alrededor pero solamente pude ver rocas, árboles secos y a la nada. Cuando estuve parado me sentí completamente desesperado por saber en donde estaba.
Seguía sin ver nada y la primera reacción que tuve fue correr. Corrí hasta que me canse y cuando me encontraba agachado tratando de respirar vi como unas figuras “humanas” se podría decir, se acercaban a una roca desde mi punto de vista. Automáticamente me escondí entre unas rocas bastantes grandes y un árbol retorcido, como si tuviera calambres.
Eran unas cuatro o cinco “personas”, que se acercaron a la roca en cuatro patas formando un circulo y luego de examinarlo lo que estaba tendido en el suelo, empezaron a destriparlo como bestias salvajes. Ahí mismo me di cuenta de que no era una roca sino un ser vivo. Al principio me asuste pero... un valor no deseado me surgió del alma.
Agarré una rama ceca que se encontraba cerca y salí corriendo hacía el lugar en donde estas criaturas estaban. Legué con un grito que al principio las asustaron, pero después el que se asusto cuando les vi las caras fui yo. Eran cuatro. La más chica la logre asustar pero el resto sé hecho para atrás y después avanzaron hacía mí. Me veía en una situación difícil pero el coraje me ayudo a salir de ese pelo.
Sus caras eran completamente asquerosas, con dientes grandes, sumamente afilados y con unos ojos rojos como el fuego. Unas bolsas debajo de los ojos y una frente prominente, poco pelo y largo en forma de paja reseca. Unos labios gruesos y anchos y sus mandíbulas estaban adelantadas, su cuerpo era jorobado y caminaban con las manos; Y olían muy mal.
Una se acerco a mí rápidamente y el primer movimiento que hice fue un golpe directo a la cabeza. Efectivamente el golpe llego a su destino, y la bestia callo al suelo, mientras que otra saltaba encima mío. Caí. Fue una riña un poco difícil pero logre sacarme el aliento a carne podrida de encima. Traté de agarrar el palo pero no pude por que otra me agarró el pies izquierdo. Me di vuelta y le encaje una patada en la cara tirandola para atrás. Gateé hasta la rama y la pude agarrar. Me levanté de un salto y una arañazo me alcanzo. Una ira profunda salió de mi cuerpo y con un grito sordo le estrole el tronco en la cabeza. Nuevamente había una mas en suelo áspero, y una gran mancha de “sangre” tiñó la superficie. En ese momento me quedaban dos, la que todavía no había entrado en acción y la que se estaba levantando. Asuste a la que se encontraba en cuatro patas y le pegue a la que se estaba levantándose tirandola contra unas rocas afiladas. La fiera quedo atravesada y gritando de una forma sumamente ronca, hasta que murió. A mí me sangraba la mano derecha por las cortaduras que la rama me había causado y la espalda por el rasguño.
Mire a mí alrededor. Solamente estaban los cadáveres y la presa a la que se estaban comiendo. La presa era una especie de ave parecida a un cóndor no se podía reconocer por lo degollada que se encontraba.
Un aliento volvió a mí, me senté y me puse a pensar lo que me había sucedido. Estuve un rato pensando y llegue a la conclusión de que arriesgue mi vida por una animal muerto, pero lo que hice fue por que pensaba que era una persona a la que podía llegar a salvar.
Corte un pedazo de mi ropa para vendarme la mano y con otro para secarme un poco la espalda y volví a mirar a mí alrededor. Solamente estaba yo y la Nada. Luego me tendí boca arriba para descansar un momento y ahí me quede.


Las Puertas del Infierno


Me levante despacio, mire el horizonte y pude ver una gran muralla de piedra. Hubiera jurado que esa muralla nunca había estado ahí. Era tan larga como el horizonte y desde lo lejos parecía una cadena montañosa.
Empecé a caminar hasta que me encontraba a unos tres kilómetros y medio de la gran muralla.
Ya empezaba ver las cosa de otra forma. Una gran cadena montañosa había pero detrás de una grandes planchas de piedra, desde ahí parecían una grandes puertas de hierro.
Seguí caminando por unos cuarenta minutos mas aproximadamente, el aire había cambiado y se sentía un poco el olor a azufre. Mis piernas estaban completamente extenuadas igual que mis brazo por que las piedras rocosas que venia cruzando desde hace ya mas de dos horas. Mi senda seguía disminuyendo a medida que pasaban los minutos hasta que me encontraba entre medio de dos pilares. Parecía las ruinas de un gran ciudad antigua y que por una razón desconocidas había perecido. Me aventure entre los restos y mi camino se había acabado. Un inmenso portón de hierro, efectivamente, estaba ante mis ojos. Unas hoja de ella estaba abierta y la otra cerrada formando un espacio para poder pasar. No observe bien la que se encontraba desplegada pero me imagino que debe ser igual que la otra.
En la puerta de unos quince metros de altura se encontraban tallados cuerpos en bajorrelieve. Eran muchos cuerpos enredados entre sí, y las caras que pude ver reflejaban una terror absoluto. Las puertas tenían encima un inmenso cartel que decía:
“Por mi se va a la ciudad doliente, por mi se va al eternal dolor, por mi se va con la perdida gente.
Fue la justicia quien movio a mi autor.
El divino poder se unio al crearme con el sumo saber y el primo amor.
En edad solo puede aventajarme lo eterno, mas eternamente duro.
Perded toda esperanza al transpasarme.”


Un terror absoluto me invadió cuando termine de leer lo que decía el cartel. Despacio me fui acercando, me pare enfrente a la hoja que estaba serrada y me quede unos segundos mirando. De repente las puerta avanzó hacía mi y los cuerpos me tomaron de los brazos. No sabía como reaccionar ante esta situación y lo primero que se me vino a la cabeza fue tirar me para atrás. Un brazo pude sacar pero el otro no. El brazo que estaba agarrado por mas de tres manos se estaba convirtiendo en hierro igual que las esculturas. Mi reacción fue seguir tirando para el sentido contrario a donde me querían llevar. Tire, tire y seguí tirando hasta que del piso agarré una roca. Las piedra se rompió de tantas veces que les pegue a los brazos de hierro pero pude lograr que algunas manos me soltaran. Seguía atrapado por una sola y esta vez pude escapar. La punta de mis dedos estaban cubiertas por hierro y por mas que quise no me lo pude sacar. Ahora tenia la punta de mis prolongaciones de la mano izquierda de metal. Después quedar atónito por lo que había sucedido, me di cuenta que las esculturas que estaban ahí eran personas que quisieron atravesarlas. Después las caras de la puerta empezaron a gritar muy fuerte hasta que el cielo se oscureció y una tormenta humedeció todo el lugar. La otra hoja del portón se movió como para cerrarse. Corrí hasta cruzar la puerta y detrás de mí el portón pesado se cerro.


En la oscuridad del limbo


Nunca me voy a olvidar lo que paso después de que el “Gran Portón” se cerro... Me encontraba en la oscuridad absoluta, estaba en alguna parte pero no sabia que era ese maldito lugar. Estuve bajo el dominio de las sombras por mucho tiempo, sufrí grandes caídas en la espesa y salvaje oscuridad. Grandes barrancos, profundas llanuras, inmensas ruinas cruce en la oscuridad y todos estos tétricos lugares se encargaron de destruirme. A medida de que los minutos pasaban y mi desesperación aumentaba lo único que me mantuvo vivo fue la esperanza de encontrarla. Ella, sola se encontraba en algún rincón de este inmenso lugar. En aquel omento me la imagina sola, fría, con el alma entre las piernas. Llorando por el temor a la soledad, a enfrentarse a su propia realidad. Pobre y débil la sentía... la sentía. Después de sufrir por lo que sentía mis fuerzas me fueron abandonando hasta que quede en algún lugar sin saber ya quien era o que era lo que estaba buscando. Seguí palpando el áspero suelo por un rato mas hasta que caí. Fuerte me golpeé la cabeza con algo, y ahí llore por días, semanas, años hasta que mis lagrimas se secaron, y cuando no pude llorar mas el miedo me inundo. El miedo duro mucho tiempo hasta que se fue desvaneciendo y un gran dolor lo reemplazo acompañado de gritos escalofriantes que me destruyeron los nervios por completo. Mi cuerpo se retorcía del gran dolor que sentía en la cabeza, me encontraba mas solo que nunca sin esperanzas para seguir viviendo, pero algo me dijo que tenia que seguir por mas que mi cuerpo, débil y agotado que este. Sui un tiempo en la nada y mis sentidos se desvanecían con el tiempo. El dolor llego a tal punto que mi mente ya no reconocía los gritos del dolor y poco a poco todo se fue desvaneciendo hasta que logre ver una luz verde muy tenue, después otra azul y se volvía a repetir los mismos colores una y otra vez. No sabía si estaba muerto o alucinando, pero asombrado estaba por los colores hasta que esta se hizo mas grande. Muy adolorido estaba hacia que mucho no recuerdo de lo que estaba viendo. Creo que era una imagen de una mujer sumamente preciosa se parecía a mi... mi... no recuerdo bien. Trate de tocarla pero se alejaba despacio y lo suficiente para que no la tocase de nuevo, pero lo bastante para intentar tocarla de nuevo. Después de varios fracasos me di cuenta que era solamente una ilusión de mi corrupta mente otra jugarreta del sitio. Cuando me di por vencido, serré los ojos nuevamente y me largue a llorar, con bastante miedo por todo lo que sentía.
Una voz me susurro en el aturdido oído y eso fue lo que me hizo abrir los ojos una vez mas. Estaba rodeado de imágenes similares a la de la mujer pero estas no eran como ella. Sus rostros estaban en plena pudrición igual que sus cuerpos y su diversión era atormentarme. Lo habían logrado varias veces hasta que mi bronca me salvo. La bronca que tenia hizo sacar mi ira y la ira el odio que le sentía, le siento y le sentiré a este horrendo y consumidor lugar. Y con la furia de mis gritos pude ver el final del túnel, corrí velozmente pero el dolor me frenaba cada tanto, hasta que decidí hacer un ultimo esfuerzo: gastar mis ultimas energías en llegar a la luz. Lo hice pero por intuición, mis ojos me dolían y no me ayudaban a ver bien, pero los tropezones con piedras, huesos, cadáveres, y demás cosas que habitaban en este horrendo lugar no me impidieron que saliera de la oscuridad. Después de levantarme varias veces pude salir de ahí y nuevamente había superado a la oscuridad de mi propia persona.


Continuara...


Autor: Augusto Fiorella
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