La perdición

Ya a pasado mucho tiempo, hijo que esto ha ocurrido. Tu hermano Fernando me dijo en sus últimos momentos de vida, que jamas te contara, pero ya que insistes te lo contaré y que me perdone mi hijito del alma. Esto paso hace 13 años y medio, cuando tú eras muy pequeño, cosa de 3 años y medio. Eramos una familia muy normal, felices de la vida. Por esos tiempos tu hermano cursaba 4º año y no era el mejor alumno pero ahí andaba. Tu hermana Luciana se graduaba aquel año y yo esperaba pasar el mejor verano de mi vida, pero Dios no lo quiso así. Comenzó el verano y Fernando comenzó a comportarse un poco extraño pero con tu madre pensamos que era una cosa normal, de la adolescencia. Llegó tu hermana de Europa y aquella noche los cinco, pasamos la mejor cena de todas nuestras vidas.
Al finalizar la cena Fernando se fue a bailar con sus amigos y tu madre, yo y Luciana nos quedamos hablando de las cosas buenas y malas que tiene la vida y de las sorpresas buenas y malas que por unas o por otras vemos algunas veces lo feo que sería morir sin poder decir adiós. Nos acostamos a eso de las cuatro y media y Fernando no había vuelto, raro, porque acostumbraba a venir temprano. Al otro día cuando nos levantamos vimos a tu hermano que dormía algo más acurrucado que las demás veces, con tu madre lo quisimos levantar y vimos que el no respondía a nuestros llamados; nos alarmamos y llamamos al médico que en diez minutos golpeaba nuestra puerta.
Al entrar le comentamos lo ocurrido y rápidamente fue a observar a nuestro hijo. El yacía en su cama, pálido y con unas oyeras que me asustaron mucho. El médico lo reviso y dijo que debíamos internarlo rápidamente porque sino lo lamentaríamos por el resto de nuestras vidas.
De urgencia lo internamos en el Sanatorio más cercano y nos llenamos de espanto cuando el doctor se dirigió hacia nosotros y nos dijo que había sufrido un pre infarto al haber ingerido 6 gramos y medio de cocaína. Nuestros corazones se detuvieron por un instante y volvieron a latir cuando el doctor nos dijo que estaba fuera de peligro y que la fe y el amor son los únicos posibles de sacar a flote esta situación.
Cuando nos dejaron pasar a la habitación estaba ahí, tirado, aun un poco pálido, con unos derrames terribles en los ojos y llorando como un bebe. Nos dijo que no se había dado cuenta, que lo había hecho para ser más, para estar más cerca. Al salir del Sanatorio Fernando volvió a casa y se encontró con la mejor fiesta de bienvenida que jamas le pudieran haber organizado, comimos, bailamos y nos divertimos como locos.
Luego de esto, tu hermano fue sometido por 6 meses a un intenso tratamiento recibiendo la mejor ayuda del país. Al finalizar los expertos nos dijeron que Fernando había pasado por un instante de dependencia pero que ya no la necesitaría mas. Al terminar con aquel infierno que habíamos pasado al fin pudimos dormir con la cabeza bien fría. Fernando comenzó a concurrir nuevamente al colegio y recibiendo la mayor ocupación y afecto de todos pudo por un tiempo salir del infierno.
Al comenzar las vacaciones de invierno todo fue empeorando gota a gota, como mis ojos que no cesaron nunca de llorar por él. Tu hermano que había empezado a cantar en el coro de la iglesia renunció a ello maldiciendo la vida y al cielo que lo rodeaba. Cuando nos enteramos de esto, hablamos mucho con él, tratándole de hacer saber que la fe es la única que puede salvarnos de caer en la perdición. Tu hermano hizo oídos sordos a nuestros consejos y se refugió en la perdición.
-¿ Que perdición Papi?
-Sé refugió en el infierno de la droga, como lo dijo en su última carta, que después te la leeré.
-¿Sabes lo que es la droga, hijo?
-Sí padre, lo sé muy bien.
-Bueno ella fue la que mató a tu hermano, la que hizo que hoy descanse a siete pies en el cementerio. Yo no lo pude ver, pero la noche en tu hermano rezó por primera vez sería la última en que él volvería a sonreír. Al despertar del otro día y con el desayuno en nuestras manos nos dirigimos hacia el dormitorio de tu hermano, pero no pudimos entrar, pues la puerta estaba cerrada con llave. Tu madre y yo comenzamos a gritarle pero él no dio ninguna señal de vida, fue por eso que tu madre comenzó a llorar y corriendo fue a buscar la copia de la llave. Al abrir la puerta lo vimos a él, tirado en el suelo, pálido, seco, ido; le tomé el pulso y su corazón ya no latía, estaba frío, muy frío. Tu madre no paraba de llorar y gritar, encima de la mesa un polvo blanco todo desparramado y un tubito de hoja. En sus frías y quebradas manos este papel que me perforo íntegramente el corazón. Decía así:
Queridos padres:
Me han dado todo, no lo pude ver, no lo supe valorar. Ahora sé que no soy nadie, que nunca lo fui, me mató, esa porquería me mató viejo. No supe o no pude controlarlo, era más fuerte que yo. Lo único que les pido es que no lloren por mi, no me lo merezco, yo se porque les digo, además nunca jamas le cuenten de esto a Diego, no quiero que sepa la basura que fue su hermano.
Nunca les conté que no pude superar mi adicción a las drogas, creo que nadie puede. En mis últimos momentos de ojos abiertos, pensé en el infierno que tenía por delante y si de alguna manera pudiese volver el tiempo atrás de seguro que eligiría vivir con ustedes, mi querida familia, pero en algún lugar donde esta mierda no exista.
Bueno viejos, me voy más allá, no sé bien donde, donde Dios quiera, además quiero que le hagan saber al Taca, al Lucho, al Tate y a Pepe lo mal que la pase y la porquería que es esto, que te destruye, que te deja sin amigos, sin amor, sin todo.
Sabes lo feo que es sentir que te quemas todo por dentro, que te arde el alma y no puedes hacer nada, pues ella ya esta adentro. Se te explota, viejo, es como un gotero en la cabeza que día a día caen gotas y gotas y pronto te perfora el cerebro, es eso o a veces algo peor.
Me pasó la felicidad por delante de los ojos y no la vi, o no la quise ver. Jamas pense que esto me pasaría a mí, pero me pasó y ahora estoy muerto como desde un principio en que probé la perdición. Nunca me olviden viejo, yo no los voy a olvidar jamas, en tus hermosos sueños viejo, ahí bien dentro de ellos, ahí voy a estar yo deseándote la felicidad que te mereces y que yo nunca te pude dar, ahí bien dentro de tus más hermosos deseos voy a estar yo, mirándote siempre y pidiéndote eternamente perdón, perdón por haberte cagado la vida.
Me fue mal y lo pagué muy caro, los quiero con toda mi alma.
Su hijo siempre, Fernando.
Ocho meses después Diego falleció al haber sido víctima de una brutal sobredosis que le hizo entrar en lo más profundo de la perdición. Los padres de Diego y Fernando descansan hoy en el panteón 8 del cementerio de Villa Constitución al haberse suicidado diez días después de la muerte de Diego. Luciana, hoy, esta casada con dos hijos, uno discapacitado y el otro convirtiéndose en la estrella de su pueblo contando historias sobrenaturales.
Esta es la historia de una familia que se desintegró por completo por unos de los peores males que azota la humanidad. Lo único que se pide a la persona que lea esta historia, es que piense que la vida es hermosa si se sabe vivir y que la droga está en la esquina esperando destruir más familias y clavando una estaca a Diego y Fernando que están aun más allá.


Autor: Federico Fontana
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