Hola, mi nombre es Peter Willis, tengo 23 años y tras muchos años de estudios interminables e insoportables, de tardes de sufrimientos aunque a veces también de buenos momentos, voy a empezar la carrera de detective.Yo siempre he querido ser detective, siempre iba en busca de pruebas para todos los misterios o casos sin resolver, e incluso en vez de jugar con los amigos, me encerraba en mi cuarto a estudiar los posibles casos.
Vivo en Kansas City, en un apartamento pequeño y barato porque la verdad es que no tengo aún mucho dinero. Mi novia se llama Ellen y pienso que es la mujer más guapa e inteligente que existe sobre la faz de la tierra. Ella esta estudiando para ser abogada, y seguro que llegara a ser de las mejores de toda América. Mi madre es una bella mujer que siempre ha trabajado para sacarme adelante, ella vive en un pueblo de la zona, donde se mudó a la muerte de mi padre, decía estar cansada de la vida en la ciudad, y buscaba la tranquilidad.
Hoy es el primer día en la facultad, y aunque tanto mi novia como mi madre, me han dado muchos ánimos, yo estoy un poco nervioso, porque deseo empezar con buen pie. Al entrar en la facultad vi a un hombre muy serio en la puerta que me hecho una mirada que me estremeció hasta el punto de bajar la cabeza por miedo a ser golpeado. Para llegar a mi clase tuve que dar varios rodeos porque no la encontraba, pero al final le pregunte a un conserje que donde se encontraba y él me lo explicó amablemente. Cuando encontré la clase miré el reloj y me había retrasado unos cinco minutos, aunque no me lo pensé dos veces y abrí la puerta. Pedí perdón por llegar tarde, pero tuve una gran sorpresa al ver que el profesor que me esperaba era aquel hombre serio de la entrada. En la clase había bastantes personas que no conocía de nada, y tímidamente pedí por favor al profesor que me dijera cual era mi asiento y él con un rostro de pocos amigos me dijo que cualquiera de la primera fila. Nos explicó a mí y a mis compañeros que no iba a ser un curso fácil y que había que estudiar y trabajar mucho para sacar una buena nota, también nos dijo que a partir de ese momento le llamáramos “profesor Smith”, y por último nos dio unos cuantos apuntes para estudiar.
Al llegar a casa, Ellen me preguntó con entusiasmo que como había ido el día y yo con poco ánimo le dije que no muy bien, aunque no iba a perder la esperanza de ser detective por un profesor tan aburrido. Al siguiente día de clase el profesor Smith solo se dedicó a dar apuntes, hasta tal punto que mis manos llegaban a perder las fuerzas, y al final de la clase nos dijo que en un mes iba a ver un examen de todos los apuntes que nos diera hasta el momento, que ese control junto con una prueba sorpresa serian la media del primer año de carrera y que si suspendíamos tendríamos que dejar la carrera. Estas palabras me alarmaron un poco, pero sobre todo me llamaba la atención lo de esa prueba especial y pregunté a mano alzada:
-Profesor Smith. ¿Me puede dar algo más de información sobre esa prueba sorpresa sobre la que nos ha hablado?
Y él respondió de forma grosera: -Si te lo dijese ya no seria sorpresa.
Ante esa respuesta me callé y agaché la cabeza para abajo como un niño de parvulario.
Al llegar a casa escuché el teléfono y lo cogí antes del tercer tono. Era mi madre que quería saber como me iba y con que pie había empezado. Yo lo expliqué un poco la situación y ella con su dulzura propia me dio ánimos y me dijo que estaba orgullosa de mí.
Al día siguiente cuando iba de camino a la facultad un papel se me estrelló en la cara, de forma violenta, y ví que tenia escrito: “Trabajo temporal en la pizzería Luiggi, si le interesa llame al 906345678”. La verdad es que me hacia falta un trabajo porque con lo que me daba mi madre y lo que conseguía mi novia por ahí no llegábamos a fin de mes. Al terminar la clase me fui corriendo a casa y llamé al teléfono de la pizzería para ver si aquel trabajo y la facultad podían compaginarse sin problemas y me atendió un hombre al teléfono: -Hola señor, es aquí donde se anuncia un puesto de trabajo.
-Si, necesitamos urgentemente un repartidor de pizzas a domicilio.
-¿Cuál seria el horario de trabajo?
-Todas las noches.
-¿Y el salario?
-Serian unos 380 dólares.
-¿Cuándo puedo empezar?
-Mañana mismo a las diez en punto
-Pues de acuerdo caballero, allí estaré.
La conversación no había sido muy extendida, pero el sueldo que daban aunque no era demasiado importante era muy bueno para mí y para mi novia. Esa tarde estudié todos los apuntes que el profesor nos había dado, y me puse al día en todas las actividades. Cuando estaba acostado pensé “hoy ha sido un buen día, estoy al día en la facultad, y tango el trabajo que me hacia falta”. De esto del trabajo no le había todavía contado nada a Ellen, porque ella siempre dice que solo debo concentrarme en los estudios, pero de momento todo seguía su curso y estaba más feliz que nunca.
Al día siguiente me levanté y fui a la facultad como siempre, hoy iba a ser un día muy especial, era mi primer día como trabajador, y me sentía orgulloso. Al entrar en la facultad como todos los días, me encontré en la puerta al profesor Smith, pero me di cuenta que su rostro ya no era como el de ese fatídico primer día de clase, su cara había cambiado, y ya no asustaba, sino que transmitía tranquilidad y serenidad, y le pregunté:
-Profesor Smith, ¿Por qué no tiene siempre esta cara de buena persona? Se lo digo sin ánimo de ofender.
Y el profesor Smith me respondió: -Una de las mejores características para ser detective es ser un buen observador, le felicito eres el primero en preguntármelo, y como premio le daré un punto más en la evaluación final.
Yo me quedé extrañado por tanta cortesía, pero finalmente se lo agradecí, y le dije que me gustaba más su cara buena que la mala y él con tono simpático soltó una carcajada.
Cuando llegue a casa, olfateé ese cocido tan rico que me prepara Ellen, y sin mas contemplaciones, entré a la cocina para ver si el olfato no me fallaba, aunque pocas veces lo hace, la verdad es que nunca, yo soy un olfateador de primera, siempre conozco las comidas que prepara Ellen antes de verlas. Allí estaba Ellen que con su dulzura me sonrió como si fuera la primera vez.
Cuando nos pusimos a comer me entraron remordimientos por no contarle nada del trabajo, y se lo conté todo como un chiquillo. Al acabar la conversación la noté un poco cabreada, sobre todo por sus suspiros profundos entre otras cosas, pero yo no quería estropear uno de los mejores días de mi vida y le dije: -Pero Ellen, por que cabrearse, es solo un trabajo, nos ayudara en nuestra economía, y la verdad si es por aprobar el curso me creo capaz de hacerlo, es mas, hoy el profesor Smith me ha premiado con un punto más en la nota final.
-Ya lo sé Peter, pero no me gustaría que por un absurdo trabajo perdieras el sueño de tu vida.
Así acabó la conversación, a la que yo no había echo mucho caso ya que mi confianza era total y no pensaba en la posibilidad de suspender. Mas tarde me fui a la pizzería, eran las diez menos cinco de la noche, y me encontraba en la puerta del local. Iba muy bien vestido, con unos pantalones negros y mi polo de la buena suerte, este polo, era de color amarillo, y con rayas de colores muy finas cruzadas, siempre me daba suerte en todos los exámenes y situaciones adversas. Entré y me encontré un sitio lleno de gente gritando, donde no había concentración ni tranquilidad, y toda la gente se aglutinaba en las colas por un trozo de pizza.
Ya se me empezaban a quitar las ganas de trabajar cuando se acercó un hombre muy gordo con cara de Italiano, era sin duda el hombre con el que hablé por teléfono, y sin ninguna muestra de respeto me lanzó un traje sucio, y me dijo que este no era un sitio para gente fina. En ese momento me quedé parado, como bloqueado, y el señor Italiano me dijo que o me ponía a trabajar enseguida o que cogía la puerta rápidamente. Yo como un niño asustado le obedecí y me puse manos a la obra.
Rápidamente me dieron una dirección y una moto, y me dijeron que en menos de media hora la pizza tenía que estar en el lugar indicado. Cogí la moto, y sin problema alguno encontré la dirección en veinte minutos. Llamé al portero del edificio que me ponía en la dirección, y como era nuevo en esto, no sabía que decir para que me abrieran, así que le dije la frase tradicional: - Abra la puerta por favor.
Y una voz que me resultaba familiar me respondió: -Con mucho gusto.
Al llegar a la puerta, un hombre me atendió, la verdad es que no prestaba mucha atención en quien era ya que toda la atención la ponía en entregarle la vuelta exacta, porque el dinero para dar la vuelta que me había entregado aquel Italiano era todo calderilla. Al entregarle la vuelta me fijé por primera vez en su cara, y me llevé una gran sorpresa, era el Profesor Smith.
El profesor seguía teniendo la misma cara tranquila que por la mañana, pero con un tono serio me explicó que para aprobar una carrera, no se podían tener distracciones, y yo tímidamente le asentí, aunque no le había dado valor a sus palabras.
Pasaban los días y todo, salvo algunas excepciones seguía su curso, los estudios iban bien, era el repartidor de pizza más rápido de la pizzería, y Ellen y yo estábamos muy unidos. Ya solo quedaban cinco días para el examen, y aunque no había estudiado todo lo que quisiera, no iba muy desorientado.
Estaba en mi casa estudiando un poco cuando escuché el sonido del teléfono, sonido que me arrebato la concentración que mantenía en mis deberes, lo cogí y me sorprendí al escuchar la voz del dueño de la pizzería, (aquel gordo, con cara de Italiano), y le pregunté: -¿Hay algún problema señor?
-Por favor no me hables así, tutéame cuantas veces quieras, ya que desde hoy mismo te asciendo a jefe de repartidores.
-No se como agradecérselo, pero ¿a qué se debe este ascenso?
-Pues hicimos una encuesta entre la gente que acostumbra a comer en mi pizzería para saber quien era el repartidor más rápido, y el 79% te señaló a ti como el ganador.
-No sabe lo orgulloso que estoy.
Seguimos hablando un buen rato sobre el cambio que suponía esto para mi trabajo, pero hubo una condición de contrato que me tenía si no un poco alarmado, si un pelín preocupado. La condición era solo un tema de horario, el problema era que trabajaría más horas, aunque este trabajo seria recompensado con un aumento de sueldo importante, a si que no me pude negar.
Ya sólo quedaba un día para el examen, y aunque me quedaba un poco para estudiar, quería darle un buen repaso a toda la lección, ya que había bastantes cosas que no tenia totalmente claras.
Hoy empezaba a trabajar a las siete, pero había pensado llamar a mi jefe para pedirle si podía faltar por causas mayores, pero cuando le llamé el se puso como una furia, me dijo que había un gran follon, y que como jefe tenía que empezar a tomar responsabilidades, así que tuve que asistir al trabajo como un pelele.
Cuando terminé mi turno me dirigí rápidamente a casa, como si una manada de búfalos me persiguiera, y al llegar me sentí bastante agobiado, por la presión que para mí suponía este fatídico examen, así que sin perder mas el tiempo me puse a estudiar.
A la mañana siguiente, una sonido desagradable me despertó, ¡era el despertador!, me había quedado dormido estudiando, y no me acordaba ni tan siquiera de que iba la lección, así que salí corriendo sin apenas asearme, y cogí el libro para repasar por el camino.
Al entrar en clase mis nervios no podían aumentar mas, ya que mis manos no paraban de moverse, me empezaron a brotar ticks nerviosos por todas partes, y no podía aguantar la respiración. Finalmente el profesor Smith me repartió mi examen, y empecé a ver letras por todas partes. Al acabar la hora y media que nos daban para terminar, milagrosamente había conseguido contestar cuatro preguntas, mi decepción no podía ser mayor, y solo pensaba en cual sería la reacción de Ellen. Ella tenia razón y yo había sido un tonto por no hacerle caso.
Cuando todo el mundo terminó el examen vi entre mis compañeros muchas caras diferentes, unos lloraban, otros suspiraban, y por último había algunos que no podían disimular su alegría, ya que su sonrisa les llegaba de una oreja a la otra. Al llegar a mi casa, me encontré a Ellen hablando con mi madre en el sillón del salón.
Mi madre nunca o por lo menos casi nunca viene a la ciudad, salvo ocasiones importantes, algo que me alarmó, ya que eso indicaba que tenia esperanzas en que yo aprobara el examen. Cuando me vieron se me tiraron, como si de un billete de oro se tratara, y empezaron a avasallarme de preguntas de tipo: ¿Te has puesto nervioso? o ¿A que lo has hecho muy bien?, y yo que normalmente me dejo llevar por los impulsos del momento le dije que el examen no me había salido mal. La verdad es que no sé por que lo hice, ya que ahora tendrían depositadas mucha más confianza en mi de cara al final del curso. El día se me hizo muy largo, mi madre y Ellen no paraban de hablar, y yo disimulaba como si tal cosa.
Al día siguiente, el profesor Smith nos enseñó las notas, aunque antes dijo unas palabras: -No han salido todo lo bien que yo esperaba.
Esto hizo que todos los que estábamos allí presentes pusiéramos cara de desolación, aunque había que aguantarse con el resultado. Al nombrar mi nombre para decirme la nota del examen, un par de gotas me empezaron a bajar de la frente, pero cuando dijo que mi nota había sido un cuatro, las gotas que me caían eran lágrimas y no precisamente de la frente.
Al terminar la clase le pregunté al profesor si todavía tenia esperanzas, y él con voz seria me respondió: -Eso depende solo de ti.
Cuando llegué a casa decidí que iba a vivir por y para estudiar, y rápidamente llame a la pizzería para decirle al dueño que iba a dejar de trabajar. Le conté a Ellen todo lo que había pasado, pero le pedí que no le contara de esto nada a mi madre, porque aun no había suspendido.
Tres días mas tarde, el profesor Smith nos habló de ese proyecto sorpresa, y nos dio un sobre a cada uno, en el sobre ponía lo que debíamos hacer, pero decidí no abrirlo hasta llegar a casa. Ya en casa, y junto a Ellen lo abrí y ponía lo siguiente:
-La prueba consiste en investigar algún asunto importante que salga de vuestra imaginación.
La verdad es que estaba un poco perdido, no se me ocurría nada, pero me puse a darle vueltas y vueltas al coco, hasta que una luz brilló en mi cabeza, y exclamé:
-¡Ya está!, había decidido investigar a Ellen en su trabajo, y en todas sus salidas.
Claro está que no se lo comuniqué a Ellen, y cuando se fue(me dijo que iba a comprar) yo la perseguí sigilosamente. Ella entró al supermercado, y un minuto después, un coro de gente se aglutinó mirando algo con temor. Rápidamente me apresuré a mirar, y un grito de dolor salió de mi garganta cuando vi a Ellen, en el suelo, sin moverse. Rápidamente vino una ambulancia, y se la llevó al hospital más cercano que se llamaba hospital de Kansas.
Me pasé toda la noche dando vueltas en el hospital, sin que nadie me diera ninguna información, lo único que sabía es que la estaban operando, cuando un señor alto, con el pelo blanco, y con pinta de médico se dirigió a mí:
-Tengo malas noticias que comunicarle- me dijo con un rostro serio.
-No habrá... - dije yo con lágrimas en los ojos.
-Lo sentimos mucho.
-¡Pero no puede ser!!!!!!!
Mi mundo se había desecho, ya no tenia esperanza, ni ilusión por nada, así que me fui a mi casa a llorar, que por el momento es lo único que tenia ganas de hacer. Al día siguiente, mi madre y todos mis amigos me llamaron, pero todos me decían lo mismo y yo solo tenia ganas de estar solo.
Por la tarde fui al hospital, ya que tenia que recoger unos papeles que me informaban de todo lo que había pasado, y allí me encontré al profesor Smith:
-¿Qué haces aquí? ¿Pasa algo?-Me dijo con cara de preocupación.
-Mi novia ha muerto- Le respondí desolado.
-Lo siento mucho ¿De que ha sido?
-Pues aun no lo sé, aquí tengo los papeles.
Y así acabo la conversación que a decir verdad no me ayudó de mucho. Yo había escuchado casos de que ese hospital era algo bajo de calidad, así que le llevé los papeles de la causa de la muerte a un doctor amigo mio. Mi sorpresa fue bastante grande cuando mi amigo me avisó que había unas grandes irregularidades, la más importante era que ponía que habían operado el pulmón derecho, cuando según los papeles el desmayo había sido producido por un problema del pulmón izquierdo. Mi amigo se levanto de golpe y me dijo con tono serio: -¡Ha habido un tremendo error!-
Mientras operaban el pulmón derecho, el pulmón izquierdo estaba quedándose sin aire, y como la operación duro varias horas, se ahogó.
Rápidamente, contraté a un abogado, y lleve el caso a un juicio, que con la ayuda de este amigo mío conseguí ganar, y me indemnizaron satisfactoriamente.
Aunque mi corazón seguía triste, mi moral se había reforzado, y tan solo una semana después se me ocurrió presentar toda esta historia como el proyecto.
Cuando me tocó el turno para exponer mi trabajo, empecé a contar todo como yo lo había sentido, a explicarles como ganamos el juicio, y a decirles como conseguí las pruebas, mientras lágrimas de un dolor que me ardía me caían sobre las mejillas.
Todos se emocionaron, y algunos soltaron algunas lágrimas, incluido el profesor Smith.
Al final de la clase, el profesor Smith me dijo: -Estas aprobado, y además me siento orgulloso de usted, su nota es un diez, ya que yo mismo no tendría fuerzas para haber hecho ningún proyecto con la desgracia que le ha ocurrido.
-Muchas gracias profesor, ahora valoro mucho más todo, ya que algo que creía infinito se ha ido y nunca volverá.
Con esas palabras me despedí hasta el próximo curso del profesor Smith, y con la fuerza de mi madre y todos mis amigos estoy seguro de que lo superaré.
Ahora estoy en el Missisipi, desconectado de todo, escribiendo desde mi ordenador portátil, con esto me despido, y si alguna vez tenéis alguna sospecha de algo, por mínima que sea, buscar en Kansas city a un pobre desgraciado llamado Peter Willis.
Autor: Carlos Hernández Díaz |