IV Partes

I Parte
¿Que sucede con la vida cuando crees que se ha paralizado y, sin embargo, observas que el tiempo transcurre igual?
¿Qué hacer con tantas ilusiones aparentemente imposibles? ¿Dónde contener tantos sentimientos desaprovechados?
¿Por qué evitar tanta energía?¿Por qué contener tanta alegría?
La vida es un regalo, la juventud divino tesoro, la experiencia un valor incalculable, la muerte una sorpresa insospechada. Tantos caminos por recorrer, tantas opciones por elegir, y ¿qué hacer cuando observas que el tiempo transcurre igual?
Ahora siento que los segundos se me escapan irremediablemente y que no hago nada para impedirlo. No intento disfrutar de cada momento, no saboreo el placer de lo cotidiano, no regalo sonrisas ni beso un rostro que necesita una caricia. Siento que la vida se ha paralizado.
Estoy atada de pies y manos, estoy ausente aunque mi cuerpo permanece allí, vuelan pensamientos estériles de ideas. Ahora nada parece tener sentido, ahora esas razones que lo sustentaban todo han desaparecido.
Toda mi vitalidad permanece inmóvil, ni siquiera permanecen ya recuerdos, incluso esos cuerpos inertes parecen tener más presencia que yo.
Siento que la vida se me escapa y yo soy cómplice de mi propia muerte. Siento que no puedo echar marcha atrás y mi tiempo cada vez es menor.

II Parte
Ayer te vi apenas unos segundos. Tu querías estar pero tuviste que ir.
Te mire a los ojos, tan solo una vez. Tu querías estar pero tuviste que ir.
Te di un beso, tan solo uno. Tu querías estar pero tuviste que ir.
Ayer fue otro encuentro más; corto, inacabado, insuficiente. Y así transcurre mi vida, una eterna espera de un escaso momento.
Tu permanecías inmóvil, no parece desagradarte la situación. Tu esencia es tan pobre, tu alma tan poco generosa que con estos escasos momentos esta cumplida toda la obligación.
Pero yo soy rica, mi alma es generosa y todos los momentos son pocos.
Por eso sufro ahora, por eso mi dolor crece cada día: porque mi amor se engrandece, porque mi necesidad es mayor.
Mi cuerpo es infinito, mis horas eternas y apenas puedo permitirme compartir contigo unos segundos.
¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuando soportar esta losa de la soledad?
Ya no quiero más ilusiones frustradas, más frases inacabadas, más deseos por satisfacer.
Nuestro tiempo llega a su final, nuestros segundos se acaban porque mi alma es generosa y mi vida empieza de nuevo en este preciso instante.

III Parte
Fue una decisión difícil, un final al que nunca se quiere llegar. Pero en ocasiones se necesita morir para volver a nacer, terminar una frase con un punto y a parte para poder escribir el siguiente renglón.
Estoy tranquila, siento paz y el equilibrio vuelve a mi vida. Renuevo las ilusiones y las energías, nuevos proyectos rondan mi mente.
Todavía no es tiempo de echar un vistazo atrás, ahora solo miro hacia delante con la mirada firme y segura.
El ayer solo me da fuerzas para observar el mañana; el pasado sirve de base para sustentar el futuro, una base firme, inamovible.
La alegría llena plenamente mi alma y la sonrisa vuelve a ser mi firme compañera de viaje.
Te pienso ahora, no recuerdo el ayer y aunque tu sigues siendo el mismo ahora ya nada es igual.
Los colores son más intensos y al mismo tiempo más claros, todo ha recobrado su pureza y sencillez inicial.
Todo vuelve a ser fácil, cotidiano, comprensible; vuelvo a estar dentro de los limites establecidos.
Ahora reposo en la tranquilidad de haber hecho lo correcto, ahora vuelvo a retomar el vuelo en total libertad.

IV Parte
En estos momentos puedo recordarte, ya no puedo estrecharte mi mano, ya no estas a mi lado. Tenias que desaparecer, era lo esperado, incomprensible para mi pero respetado por mi ser, no tienes fuerza para soportarlo.
El tiempo nos ha demostrado lo acertado de la decisión, mi corazón te tiene un lugar reservado en exclusiva; mi alma te recuerda con cariño y mi esencia permanece a tu lado aunque tu no puedes apreciarlo.
Aquí estuve un día, aquí permanezco y aquí siempre me tendrás. Mi sonrisa será tu aliada, ella te lo demostrara si algún día te decides a comprobarlo.
Desconozco dónde estas en estos momentos pero te siento cerca. ¿Tu también a mí? ¿Puedes notarlo ya? Aquí me tienes y aquí estaré.
El hilo que un día nos unió permanece intacto, ha cambiado de intensidad pero permanece inalterable. Por eso yo puedo sentirte ahora, por eso podría enviarte un beso y tú lo recibirías con toda su calidez. Tu quizá no lo sientas ahora pero algún día tendrás capacidad para reconocerlo.
Me despido con el alma alegre, con la máxima felicidad; hasta siempre amigo. Muy pronto nos volveremos a encontrar y todo tendrá su verdadero sentido.
Valencia, 19 diciembre 2000


Autor: AlmaMora
Escrib� tu opini�n sobre IV Partes
Nombre o Nick:
T�tulo:
Comentario: