 | | Todo en la vida | Cualquiera que estuviera medianamente atento lo apreciaría.
Marcos era un tipo exitoso, la vida le sonreía.
Apenas pasaba los treinta, era talentoso y bien parecido.
Su elegancia cautivaba a la gente que frecuentaba.
Se destacaba entre sus pares, por su buena onda y por su cortesía.
Tenía el aspecto de ser un chico de barrio, medio cool, aunque no se la creía.
Se ocupaba de su apariencia, procuraba ser moderno.
Iba al gimnasio y corría diariamente.
Su salud era excelente a pesar de sus excesos.
Entre su trabajo y la joda apenas si dormía.
Era muy sociable, casi nunca estaba solo.
Siempre estaba rodeado de gente mas joven.
-Para no volverme viejo pronto-, sostenía.
Se actualizaba permanentemente e intentaba saber un poco de todo.
Trataba de no ser mediocre, dedicaba tiempo a perfeccionarse.
Era agradable, las mujeres no se le resistían.
Tenía esa imagen ganadora que impresiona.
Marcos era un caballero, las trataba como reinas.
Todas se enamoraban, las hacía embobar con su presencia.
Era dueño de su propia empresa, sabía conducir gente y lo hacía.
Se ocupaba de sus dirigidos, procuraba que estén contentos.
Les pagaba bien y también les exigía.
Ellos lo respetaban, siempre fue un tipo confiable.
Ganaba buen dinero y se daba gustos caros.
Tenía un auto lujoso, un loft increíble y viajaba por el mundo.
Era feliz, tenía casi todo en la vida.
Tal vez lo único que le faltaba, era una buena cogida.
Ocurrió en Pinamar, un sábado de Enero.
Había ido a pasar el fin de semana con unos amigos, cuando la conoció.
Y su cambio fue sorprendente.
Era una noche cálida y estrellada, el estaba inspirado.
Tomaba un trago en un bar en la playa cuando ella llegó.
Todos la miraron..., Marcos se deslumbró.
Parecía inalcanzable, pero igual caminó hacia ella.
Era rubia y encantadora. La vio hermosa. El se encandiló.
-Si estas esperando a tu príncipe azul, creo que ya llegó - le dijo al oído.
Ella lo miró entre divertida e incrédula.
Estaba impactada por su insolencia.
El sonrió, no podía creer haber dicho eso.
Ella se ruborizó por primera vez en su vida.
-A lo mejor no es lo que espero-..., se la siguió.
Volvió a mirarla. No tenia mas de 20 años, era una diosa.
Un corte de cabello algo audaz en su cabeza, un percing en la nariz y unos ojos que cuando miraban de frente, impresionaban.
Tenía la postura ganadora de las minas que saben que están buenas.
-Soy Natalia-, se insinuó, y pidió un daikiri.
A el le pareció haber escuchado mal, no podía creer ser correspondido por tanta belleza.
Su destino estaba echado, todo lo que iba a querer de la vida, es estar a su lado.
-Me alucina este boliche, vengo siempre que puedo-,le dijo.
-Pasan buena música y la gente es muy freak, marcan tendencia-, agregó.
Habló de la Creamfield, del último de Ricky Martín y de cosas que a el no le interesan.
Marcos la escuchó callado, comprendiendo que entre ellos se iba produciendo un enorme vacío, un abismo que podía ser difícil de traspasar.
Supo de inmediato que no le convenía, pero igual siguió adelante, esa mujer lo hechizaba.
Nunca antes alguien le había gustado tanto.
Bailaron un rato mientras coqueteaban y se deslumbraban.
Sintió, que nada de lo vivido hasta entonces, servía.
Si no la besaba en ese momento, se amargaría.
Le acarició el pelo y le comió la boca.
Natalia se quedó inmóvil, entre atónita y extasiada.
También a ella el le había encantado, se sentía deseada.
El mundo se le vino encima, necesitaba especular.
-Voy al baño, aguantame que ya vengo-
El la miró y quedó sacudido.
La vio alejarse, contemplando ese culo duro y hermoso, apretado bajo su mini negra ajustada.
Se la veía buena, muy buena, y por otra parte era arrolladora.
Marcos comprendió que estaba total y definitivamente perdido.
No lo creía..., se había enamorado.
La adrenalina se derramaba en el interior de su cuerpo y sintió mariposas en la panza.
Cuando regresó, ya no pudo dejar que se fuera.
Salieron a caminar por la playa y se tomaron de la mano.
Y aunque era tan perfecta, se sintió calmado.
Se besaron por horas, ella vibraba.
Se acostaron en la arena mientras se acariciaban.
Hicieron el amor y ya no pudieron separarse.
No hablaban de nada, solo se complacían.
Pasaron la noche abrazados y sintieron que estando juntos, se mejoraban.
Natalia le dio su cuerpo, Marcos la vida entera.
No era nada brillante, aunque le sobraba simpatía.
Todo lo buena que estaba de lomo, le faltaba de cabeza.
Marcos la cogió como nadie en su vida.
Ella lo cautivó, y el se perdió en su sonrisa.
Pasaron dos años juntos, y la energía se consumieron.
Marcos le dio el control y su vida fue un infierno.
Era increíble verlo tolerar tanto maltrato.
Ya no se soportaban, aunque no querían que pasara.
El estaba cansado de intentar gustarle, ella tenía delirios de grandeza.
La mina se la creyó y, perversamente lo fue devastando.
Natalia era esencialmente una chica fulminante.
Un amigo decía que jugaba a la mancha con los aviones.
Era rápida, aunque soberbia y poco instruida.
No se interesaba por casi nada de lo que a el atraía.
Le gustaba vivir bien, aunque nunca trabajó en la vida.
Siempre había tenido al lado a alguien que la mantuvo.
Ejercía su control con intrigas y con histerias.
Cuando el llegaba, nunca le contaba nada de lo que había hecho.
Poco a poco lo volvió loco, no podía vivir sin ella.
Se levantaba a la mañana y se acostaba en las noches pensando en su cuerpo.
Esperaba impaciente volver, para desnudarla y morder sus hermosas tetas.
Dócilmente..., se entregó a sus caprichos.
Comenzó a desatenderse y a descuidar su aspecto.
Ya no ejercitaba y tomaba mas de la cuenta.
No veía a sus amigos y tampoco los llamaba.
Su trabajo comenzó a disgustarle y su ingreso se redujo.
Las peleas por dinero eran habituales.
Marcos toleraba que lo humillen cada vez mas seguido, ya se había acostumbrado.
Para el Natalia era una droga..., lentamente lo estaba consumiendo y, aunque quisiera, no podía evitarlo.
Una tarde recibió un llamado de una mujer.
-Date cuenta de una vez, boludo..., tu mujer te engaña-, sentenciaba.
Siempre lo supo, aunque nunca quiso reconocerlo.
Salió de su oficina turbado y fue a buscarla.
Nadie sabe a ciencia cierta como pudo hacerlo.
Como la ira le ganó a la razón.
Posiblemente por el estado de desengaño y dolor que portaba.
La policía sostuvo, que ese mismo día, el compró el arma que usó en la tarea.
Muchos dicen que ya la tenía, nunca sabrán para que la quería.
Algunos comentan que siempre lo supo y lo había planeado de antemano.
Lo cierto es que ese corto momento donde ella perdió la vertical y golpeó con rudeza contra el suelo, con una bala calibre 38 en la cabeza, Marcos sintió satisfacción.
Después puso el caño en su sien derecha.
Iba a matarse, pero una sensación de rencor, insólitamente, lo serenó.
Sabía que esa perra se lo había buscado y no iba a darle el gusto.
Fue a su casa..., espero que lo fueran a buscar, y se entregó sin oponer resistencia.
Nunca le dijo a nadie una palabra de lo sucedido..., se mantuvo en silencio.
Le dieron solo cuatro años, porque su abogado hizo prevalecer su estado de emoción violenta, y fue a parar con su espectro, a una sucia celda del penal de Ezeiza.
Se sentó en el asiento de cemento, desesperado.
Miró alrededor y entendió que no iba a poder soportarlo.
Pero Marcos era un buen tipo y Dios se apiadó de su alma.
Su mirada sin querer se fijó en la pared que casi ilegible decía:...
...“Si la vida con su mano, de perlado sudor y palma sucia, te encierra en la sombra de una celda y te grita al oído: -¡No saldrás nunca!-, no le creas que es mentira... Elegí el clavo mas agudo, como el que Cristo se llevó a la tumba y anota en la piedra de esos muros, los días que te faltan para seguir en tu ruta”.
Se sintió aliviado. Después supo que era la letra de un viejo tango que pareció haber sido escrito para el.
Si bien iba a ser penoso, decidió resistirlo y seguir con su existencia.
Y aunque se sintió dolorido y avergonzado, por la increíble trampa en la que había caído, extrañamente agradeció haberla tenido.
Viviendo con ella conoció lo único que le faltaba conocer.
Estando a su lado aprendió a perder.
Autor: Gabriel Roman | |
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