Cronicas de un hombre comun

Juan era un hombre común.
Vivía en Buenos Aires, en el barrio de Almagro.
Básicamente, era un hombre bueno, mas bien normal.
Sufría de las típicas contradicciones de un cuarentón, soltero, que vivía solo y que podía mantenerse.
Estaba desilusionado de cómo estaba el mundo, pero todavía tenía alguna esperanza.
No sabía donde estaba la felicidad y la buscaba, no con mucho empeño, se cansaba de eso y se desilusionaba de nuevo.
A veces conocía a alguna chica que lo motivaba un poco y lo vinculaba un poco socialmente. Pero siempre se terminaba.
Juan había asumido que no sabía mantener relaciones en el tiempo.
Su familia era sus padres, a quien amaba y sabía que ellos no sobrevivirían a él.
Eso lo aterraba, y trataba de ser un buen hijo, básicamente, devolver algo de lo que había recibido siempre....amor incondicional.
También tenia un hermano que se llamaba Santiago, pero casi no se veían.
Santiago era un tipo exitoso laboral y económicamente, pero le faltaba corazón.
Casi siempre se sentía avergonzado de su soberbia.
Juan tenía un trabajo bastante bueno, no lo hacía muchas horas, era totalmente independiente y siempre pudo mantenerse bastante bien.
Veía a los mas jóvenes como se preparaban para competir y como competían y sabía que podían hacer papillas con el.
Sobrevivía a los años, a los cambios políticos y sociales, mas o menos siempre igual y estaba seguro que era por suerte, pero también por instinto.
Recibía permanentemente estímulo de competencia, por la publicidad y por una sociedad que en Baires era fácilmente influenciable por cualquier novedad.
Juan se acordaba que hacía 15 o 20 años apenas, se era mas feliz.
La gente trabajaba y mantenía a su familia y no temía que eso nunca dejara de pasar.
Todo era mas normal. Se vivía con mucha, poca y casi siempre nada de plata.
Se salía con chicas muy lindas en colectivo y se compartía un cigarrillo.
El que estaba mejor tenía un auto o algo de marca, pero todo era mas parejo.
Lo aterraba caerse del sistema porque sabía que no iba a tener fuerzas ni capacidad para volver a integrarse.
Le gustaba tener un buen coche y vivir bien pero sabía que todo era ficticio.
Estaba como todos influenciado por la TV.
Pero se daba cuenta que todo estaba digitado por los gobiernos que compraban medios y que desviaban la atención de la gente en cosas armadas para no mostrar lo importante.
Se reía de la gente que no veía que los noticieros era funcionales al poder de turno.
Escuchaba hablar una semana de violaciones, otra semana de un robo, otra semana de un asesinato, otra de un triunfo deportivo de alguien.
Y también era parte de eso, pero sabía que todo era un engaño.
Tal vez por eso se había quedado solo. No creía mucho en nada.
Era parte de un sistema influenciable por un producto de moda, por un celular, por una marca de ropa, por un restaurante caro, o de vez en cuando por algún coche nuevo o algún viaje bien burgués.
Hacía años que estaba bombardeado por gente poderosa que promovía la violencia mostrando cada vez mas desigualdad en los medios que compraban.
Le quitaban cultura a los nuevos jóvenes bajando el nivel en la educación.
Los distraían con moda todo el tiempo.
Apareció la palabra tendencia.
Se idealizó la belleza física, la juventud y la competitividad.
Ya no se podía salir con una chica linda sin auto o sin estar mas o menos en línea, sin ser medianamente exitoso y sin estar a la moda.
La ambigüedad sexual, las fiestas electrónicas y las drogas de laboratorio que hacían que no te cansaras era lo último.
No le gustaba nada lo que veía.
Hasta los dibujos animados promovían todo eso.
En esa locura algunos se mantenía en el sistema tratando de actualizarse vía Internet y otros se hacían marginales.
El mundo se partió literalmente.
Los que quedaron se volvieron mas solitarios, mas egoístas y con cada vez menos escrúpulos.
Pero eso fue hace tiempo. Ahora la mitad que quedó sigue partiéndose y va a seguir haciéndose hasta no se sabe cuando.
Y sabía que tal vez en algún momento le podía tocar y eso lo angustiaba.





Cada uno nace con un destino......le decía a sus amigos.
Lo decía por haberlo escuchado de sus abuelos y de sus padres, aunque sin mucha convicción.
Cada vez que se hacía mas viejo sabia que todo dependía de él.
Nada realmente brillante pero todo.
Salía a la calle todos los días a procurarse su sustento.
Ganaba y perdía, como todos, pero conseguía cosas que le gustaban, y cada vez que conseguía algo tenía que ganar para no perderlo.
Ese era su destino.
Se cansaba y se decepcionaba pero volvía a sentir tentación por algo o alguien e irremediablemente volvía a empezar.
Tal vez pensaba demasiado y aunque se esforzara, no podía evitar ser diferente a los demás.
Juan sabía demasiado de la vida y eso le jugaba en contra.
Tenía esperanza en los chicos, soñaba con que ellos podía cambiar al mundo, no así en los jóvenes que se habían subido a esa locura.
Veía mas falta de escrúpulos en los jóvenes que en los adultos.
Pensaba que los niños iban a parecerse a los viejos y que esa podía ser la salida.
Amaba a los chicos y procuraba sacarles una sonrisa, pero no lograba comprometerse a tener un hijo.
Hubiera sido un buen padre.
Siempre decía que el día que tuviera un hijo lo ayudaría a encontrar una pasión y le inculcaría que eso sea lo importante.
Que toda su vida gire en torno a eso, porque lo único que perdura en el tiempo hasta el día de tu muerte es la pasión por lo que te gusta.
Le impondría límites y le enseñaría a ser respetuoso.
Un día se despertó y sintió que estaba envejeciendo y no podía creer que hubiera pasado tan pronto.
Su vida fue intensa.
Pasó por muchos momentos felices y de verdad se divirtió.
Caminó muchas veces por la cornisa y sobrevivió.
Se equivocó ni mas ni menos que otros, pero pagó por cada equivocación, esa era la diferencia.
Tuvo cuatro grandes amigos.
Al primero, Mariano, lo conoció cuando eran chicos de 10 años y crecieron juntos.
Siempre se hizo un poco cargo de él, como un hermano mayor.
Se murió por las drogas y siempre creyó que no había hecho lo suficiente.
A Gabriela la conoció cuando volvió a empezar. Ella lo ayudó a el y le gustó.
Salieron un tiempo y cuando terminó se hicieron amigos.
Estuvieron muchos años juntos y la pasaron bien.
Ella siempre lo amó y creo se sintió defraudada.
Gabriela esperaba mas de Juan y desilusionada se fue del país a empezar de nuevo.
Alberto, fue su socio y amigo por casi 10 años.
Eran muy distintos pero estuvo bien.
Alberto era un tiro al aire y terminó cansando a Juan.
Se separaron después de varias discusiones y nunca volvieron a verse.
José, fue su último gran amigo.
Cuando se lo presentaron no le cayó nada bien, después se hicieron inseparables.
José era mayor que el y le enseñó mucho de la vida.
Fue básicamente un tipo bueno.
Lo asesinaron en el medio de un asalto y ese dolor lo llevó siempre.
Su ausencia se sintió siempre en su entorno.
Tuvo muchos otros amigos muy cercanos, aunque fue descuidándolos o dejando de verlos.
Nunca supo bien porque, probablemente por miedo a transitar otra pérdida.


Tuvo cuatro grandes amores.
Uno cuando era muy joven que vivió intensamente.
Se llamaba María y cuando la conoció era la novia de un amigo.
Ella se enamoró casi inmediatamente y dejó a su novio.
Tardaron mucho en estar juntos.
El tenía algunos códigos del barrio que otros no tenían.
Pero no pudieron evitar amarse.
Se complementaban, habían sido hechos el uno para el otro.
Fue feliz con María, pero la tentación pudo mas.
Le gustaba la noche, las chicas fáciles, el alcohol en exceso y las drogas.
Quiso casarse pero se desbarrancó y perdió todo.
Lo mas raro es que nunca la extrañó.
Había pasado cinco de sus mejores años con ella, amándola y siendo amado, proyectando tener una familia y soñando con envejecer juntos, pero cuando se terminó, casi no le dolió.
Y no volvió a pensar en María.
Perdió todo pero iba a levantarse.
Era joven y carismático y contaba con el amor incondicional de mucha gente.
Se recupero de su compulsiva manera de vivir y se rodeó de personas mas espirituales con los que también fue muy feliz.
Ayudó a muchos y le gustó hacerlo.
Conoció a muchas mujeres que lo amaron, pero él era diferente.
Siempre pensaba que esa no era y nunca pasó mucho tiempo con ninguna.
Un día conoció a Celeste y no la pudo dejar de mirar.
También estaba de novia con alguien que conocía.
Esta vez renunció a ella y se fue a vivir unos años a otra ciudad.
Cuando volvió, Celeste estaba sola y el la eligió como amiga.
Vivieron una relación de amantes, aunque nunca tuvieron sexo.
El decía que no quería enamorarse, aunque siempre lo estuvo.
Salían siempre juntos, solos o con sus novios y se cuidaban uno a otro.
Pero todo se terminó.
Se lastimaron innecesariamente y se llenaron de resentimientos.
Si se hubiera comprometido con ella y se hubiese jugado, tal vez estarían juntos.
Esta vez si pensó bastante en Celeste.
Pero eligió odiarla y no volver a verla.
Le había hecho mucho daño y aunque el también era responsable de eso estaba seguro que no se lo merecía.
A partir de entonces pasó los mejores momentos de su vida.
Creció mucho en lo laboral, creó su propia empresa, se asoció con un amigo con quién la pasó muy bien y se divirtió mucho.
Ganó buen dinero y cambió sus hábitos.
Se hizo mas selectivo, se rodeó de cada vez menos gente, pero mas afín a el.
Empezó a disfrutar de cosas que antes no podía hacer porque eran muy caras.
Pero lo mejor de el fue que nunca se la creyó.
Conocía la naturaleza humana.
Creía mas en los pobres que en los ricos.
Trataba de ser generoso y amable con los que estaban peor y se fue rodeando de gente que se le pareciera.
Conoció personas realmente maravillosas.
Su amiga Gabriela le presentó a Silvina.
Tenía una hija chiquita que lo adoraba y el se sintió contenido.
Pero no se decidió a convivir con ellas y se fue.
Sus amores mas apasionados fueron Paula, una chica mucho menor que el.
Adoró a esa chica, adoró sentirse mas joven e insistió por ella varias veces.
Pero no tenían muchas cosas en común.
Y se terminó muy a pesar de él.
A Julia la conoció en un viaje de vacaciones y lo volvió a intentar.
Hizo el esfuerzo pero ella no pasó la prueba.
Julia había resultado bastante egoísta y no quiso correr el riesgo.
Y la dejó ir.
Nunca le pidió a nadie que se quede.
Lo hacía por dignidad pero nunca lo interpretaron y creo que siempre creyeron que era desinterés.
Por eso estaba solo.
Sus relaciones de pareja eran cada vez mas cortas y pasó períodos largos sin sexo.
En realidad casi no le importaba.
Le gustaba el sexo, pero si no lo tenía era lo mismo.
Le decían que eso era falta de compromiso.
El sabía que sí, , pero elegía eso.
La vida es un toma y daca constante, decía.
Para elegir algo irremediablemente había que renunciar a otra cosa.
Y eligió la familia, los amigos y las buenas relaciones humanas pero no la convivencia.
Decía que si casarse y tener hijos fuera la única solución para no quedarse solo, los geriátricos no estarían llenos de gente internada ahí por ellos.
Pero nunca trató de inculcar eso, defendía a la familia de sus amigos y procuraba que la conserven.
Sabía que no era fácil vivir solo.
Lo que no entendía era a la gente que le encantaba tener una pareja una y otra vez, y fracasaba, terminaba violentamente, y volvía a intentarlo como si eso fuera lo único en la vida.
Pero trataba de no juzgar a nadie.
Decía que vivir era difícil y que cada uno tenia que hacer lo que pudiera sin molestar a otro.
No soportaba la falta de respeto, la ingratitud, ni la gente ordinaria.
Para él no había nada peor que un tipo berreta.
Tampoco le gustaba la gente gritona, pero podía aceptarlos.
Su vida transcurría normalmente aunque tenía problemas con la apatía y la postergación.
Era talentoso, pero no tenía voluntad.
Cada vez el interés por las cosas duraba menos y frecuentemente empezó a pensar que no valía la pena el esfuerzo por conseguirlas.
Pero se alentaba y volvía a creer.


Una noche estaba muy angustiado. Se veía enfermo y tenía miedo de morir.
Estaba solo y cansado, pero sabía que aún no quería irse.
Esa noche no pudo dormir como casi siempre, pero esta vez no paraba de llorar.
Creía en Dios, claro, aunque no lo entendía.
Alguna vez le dijeron que no había que entenderlo y eso tampoco lo entendía.
Y le pidió después de muchos años de estar enojado con El.
Esa noche llovió como nunca antes.
Miró por la ventana el agua caer sobre el vidrio y pudo dormirse unas horas.
Amaneció mejor, con mas esperanza, incluso de vio mas luminoso.
A partir de ahí nunca pudo dejar de creer que alguien lo cuidaba.
Y pudo sentirse en paz.
Se dio cuenta que siempre fue un tipo de códigos.
Atravesó desgracias con una sonrisa.
Fue leal con sus amigos y también con sus enemigos.
Cuando terminaba relaciones por deslealtades ajenas nunca habló mal de nadie a pesar de quedar como culpable muchas veces.
Defendió siempre a su familia.
A su hermano, a pesar de muchas veces saber que no tenía razón, solo por ser familia y nunca se lo cuestionó.
Con sus padres a pesar de haberle hecho pasar dolor, cuando tuvo que estar, estuvo.


Ese día se preparó para volver a empezar y salió a la calle a seguir luchando.
Pero había cambiado una vez mas.
Supo que estaba preparado para morir.
Sintió que todo lo que vendría iba a ser de regalo y se sintió aliviado.
Le quedaba otra vida mas y eligió vivirla sin miedo y con mas esperanza.
Ya podía estar tranquilo.
Iba a dejar un buen legado.
Sintió que había valido la pena y se rió de satisfacción.


...........La historia de Juan es casi como la mía.


Autor: Gabriel Roman
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