El pozo

Crea estar en un pozo hondo con la oscuridad y la desolacin que ello implica. Hasta pensaba que su nombre poda aparecer en los diarios del da siguiente o en las crnicas policiales de la televisin. Sin embargo, nada saba de todo eso. Creerse un rehn no le provocaba ninguna gracia: el lugar donde estaba ofreca la hospitalidad de un bao qumico, como el que haba visto en las ruinas de Quilmes cuando viaj con sus tas. Empezaba a tener miedo porque a nadie oa cerca, crea que el asunto era slo con l. Esto lo haca repensar la idea de que fuese un rehn porque jams haba visto en las pelculas a tan pocas vctimas de un acto delictivo semejante: siempre eran ms de cinco por lo menos. El pozo, como haba bautizado al claustro donde se hallaba, lo oprima y lo asfixiaba, aumentando su angustia por no saber dnde estaba ni cmo haba terminado en ese sitio. Trataba de recordar pero la oscuridad y la opresin que ejerca el pozo
turbaban su memoria. El hartazgo de permanecer echado en el suelo lo llevaba a ensayar leves intentos por ponerse de pie; mas cuando quera moverse, algo dentro de s lo obligaba a mantenerse esttico, algo le indicaba que lo mejor era estarse quieto. Saba, por un instinto animal que lo guiaba siempre, que era de da afuera y que en ese afuera alguien o algo rondaba como un guardia de prisin, alejando de su ser las ansias de libertad. Tema enormemente lo que poda encontrar si lograba salir: poda hallar un tigre enfurecido y hambriento por estar privado de alimento una semana entera, o poda ver el rostro de sus secuestradores y eso los hara irritarse y castigarlo sin piedad, o quizs s haba all un guardiacrcel y su celda era la de castigo, y nunca descifrara la forma de escapar a esa lgubre tribulacin penitenciaria. Respiraba lo ms hondo que poda y procuraba quitarse de encima esos pensamientos que slo le aportaban ms desesperacin. Siguiendo despus los
procedimientos para concentrarse de un mentalista que haba visto en la tele, cerraba los ojos, relajaba los msculos del cuerpo y pensaba con todas sus fuerzas cmo haba llegado a la situacin en que estaba: su mente, mimetizada con el pozo, slo sealaba un enorme hoyo negro, como el monte de noche. Entonces empezaba a sentir de forma palpitante la fragilidad de sus huesos y su nimo. Quera llorar y gritar buscando auxilio, pero no poda, saba muy bien que no deba hacerlo. Maldeca su intuicin perruna sin desobedecerla un instante.
El suelo del pozo era como una gran roca plana, dura y fra. A las paredes que lo rodeaban, en cambio, no las crea tan slidas y hasta las supona de madera. Como no lograba ver en aquella profunda oscuridad y no se animaba a explorarla por temor a los ruidos que poda llegar a hacer y a traicionar sus fieles instintos, mantena con firmeza de soldado la inmovilidad del cuerpo. Sbitamente, volva a sentir pasos cerca suyo y se contraa como la antena de una babosa de caracol al ms nfimo contacto con un dedo humano. Se imparta el ms solemne de los silencios y paralizando sus miembros con un poder mental riguroso, se converta en una ameba, en un ente filosfico apto solamente para pensar. Los sonidos que escuchaba se alejaban y se acercaban abruptamente; lo que fuese que all andaba pareca estar buscndolo con suma decisin. Entonces comprenda que no estaba preso ni cautivo, que era una especie de fugitivo por cuya cabeza ofrecan una importante recompensa, porque quien
indagaba para descubrir su rastro lo haca con una determinacin obstinada, propia del que ha encontrado la isla donde se oculta un tesoro. Lentamente lo senta arrimarse a los lindes de su cueva, de su pozo que ya no era ms una prisin sino un refugio. Con un chirriar agudo oa abrirse una puerta, lo invada una tenue luz amarillenta que apenas si permita demostrarle que no haba cado en un punto vaco del espacio. Alguien lo buscaba, senta que alborotaban la oscuridad para dar con l. Oa maldecir entre dientes, rumiar insultos e imprecaciones en su contra. Pero no fue hasta que oy de esos labios acechantes pronunciar su nombre, que comprendi quin era y dnde estaba. Ahora lograba dilucidar los motivos por los que deambulaban el guardia y el tigre, entenda la exactitud de sus impulsos animales que lo confinaban a ese estado inanimado. Al fin poda hermanarse con su cuerpo, huir del pozo y del extrao que lo persegua. Ahora s, se deca, ahora todo est claro.
Cuando percibi el alejarse del intruso que jams lo hallara, esper un breve lapso de tiempo y siguiendo el rastro de luz que ahora divisaba se escabull decidido por entre las ropas colgadas en el ropero. Sali al cuarto, abri la puerta y corri por el pasillo simulando ser un atleta olmpico. Cruz el jardn y oyendo a sus amigos gritar: piedra por todos los compas, dec piedra por todos los compas, apoy la palma de la mano sobre el tronco del naranjo y repiti obediente la frase que los otros chicos le indicaban. Por detrs, asomndose con el rostro lleno de asombro vena corriendo la verdadera vctima de aquella escena.
Dnde te metiste? Te busqu por toda la casa.
Aaah, secreto. Esas cosas no se dicen.


Autor: Patricio A. Pacios
Escrib� tu opini�n sobre El pozo
Nombre o Nick:
T�tulo:
Comentario: