Dime

Un cielo azul entra por mi ventana y ya no sé que pensar. Si acaso ese infinito firmamento, salpicado de palomas y antenas de televisión, me dice con su alegría que volviste a curar mi anhelo. Que mis plegarias fueron escuchadas. Tu voz en el viento…
Pero levanto mi cabeza y todo sigue igual. La misma calle, el mismo cemento, lavado con sudor y lágrimas.
A lo mejor deberé levantarme por completo. Salir de esta cama y de esta casa. Correr, gritar por ayuda.
¿Pero de qué serviría? Si ya hace tiempo que partiste, de la mano de tu ceguera y casada con la comodidad. Comprada por las promesas y los anillos de plástico.
Me levanto y veo un rostro en la pared. Afligido por la ausencia me ves desde ese paisaje gris idéntico a mi habitación. ¿Acaso te arrepientes? ¿Te arrepientes del dolor que me causaste? Pues antes de perdonarte tendrás que explicarme.
Explicarme la verdad sin temor a equivocarte, sin temor a perder tu status o tu equilibrio, sin sentir en tus palabras el reflejo de tus actos.
Dime si alguna vez sentiste. Si ese escalofrío recorrió tu espalda, suave como la seda, o si esa angustia cerró tu garganta impidiéndote respirar.
Dime si alguna vez dormiste. Pensando hasta que tu mente gritó: “¡basta!”, hasta que tu corazón lloró sangre. Fingir no escuchar el llanto, fingir no mirar esos ojos húmedos, no sentir esa cabeza sobre tu pecho.
Dime, dime, dime… Dime todo y al mismo tiempo nada. Habla y dime, pero antes piensa y calla. Reprimiendo tus deseos y sacándote la cara para mostrar la máscara que te cubre. Se cobarde y envuélvete en la impotencia. Llora sonriendo y muéstrate elegante. Seduce sin esperanza. Da concejos, acepta, ofrece, conforta… ¡MIENTE! ¡Con toda el alma y con todo el corazón! ¡Miente y dime que el sol saldrá mañana! ¡Miente y jura que siempre estarás junto a mí! ¡Traiciónate y dime que no me amas!
Dime, dime, dime… Al fin y al cabo eres mi reflejo.



Autor: Nicolás Rapagnani
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