 | | Sueño en Sueño | Era una tarde gris, cuando me encontraba en la puerta de un edificio oscuro y gris, mi nueva escuela, entre tímidamente por la entrada grande y manchadas de humedad, la gente que salía y entraba de ese edificio era de rasgos opacos, muy grises, llenos de miedo, muy callados, ninguno se saludaba con ninguno.
Modestamente, puse mis pies dentro del pasillo opaco, lleno de humedad, de mal olor, y salude con una voz muy firme, como para que toda la gente que estaba al lado mío y a sus alrededores me pudieran escuchar, y así saludarme, pero no fue así, solo levantaron la mirada y la volvieron a bajar.
Empalidecido, no sabia que hacer, así que rápidamente me dirigí al salón de actos, el cual era muy viejo, los techos eran de material y estaba todo roto, las paredes escritas y tachadas con pintura gris. Con mucho temor, me senté en la cuarta fila de la parte izquierda del lugar, al lado mío se sentó un muchacho y una muchacha de pelos y ojos oscuros, con la mirada perdida en ambos lados. De pronto y sin esperarlo, la muchacha me dice:
-- ¿Sos nuevo vos no?
-- Si – Conteste rápidamente
-- No sabes lo que te espera acá – me dijo tristemente
– A los nuevos los torturan en la sala de torturas.
-- ¿¡Cómo!? – Pregunte totalmente sorprendido -- ¿Es cierto lo que me decís?
Me afirmo con la cabeza al igual que el muchacho que se encontraba a mi izquierda. Del miedo me pare y empecé a correr hacia la puerta pero cuando llegue, una mujer de cara pálida me negó con la cabeza y las grandes puertas de madera vieja y rechinante se golpearon impidiéndome el paso. La mire a la mujer de cara pálida y me dirigí por un pasillo oscuro en su final y empecé a correr, llegue al fondo y no había mas que tres puertas, abrí la primera y era un laboratorio de Química, la volví a cerrar, abrí la segunda puerta y un hombre se encontraba apoyado en sus brazos y lloraba desconsoladamente. Me le acerque cautelosamente, a paso débil y pregunte:
-- ¿Qué le pasa se, señor? – Tartamudeé.
-- Nada.
-- ¿Cómo que nada? – Insistí.
-- ¡¡Nada!! – Grito.
En ese momento levanto la cabeza y le faltaban los ojos, sus cavidades oculares sangraban sangre, al igual que su nariz. Al ver este cuadro, di media vuelta para salir pero no pude, en la puerta se encontraban la mujer de cara pálida, unos 5 alumnos, un hombre de saco y corbata, todos con un cuchillo en la mano.
Mire el suelo y los ojos de aquel muchacho se encontraban en el suelo, inmediatamente vomite. Al hacer eso, toda la gente armada soltaron los cuchillos, y los cinco alumnos se me acercaron y me tomaron por la fuerza y me empezaron a llevar a un ascensor, me empujaron al ascensor y el hombre de saco y corbata presiono un botón que decía “- 37”. El ascensor empezó a bajar rápidamente y en un momento el suelo se abrió y yo empecé a caer. En ese momento empecé a rezar para salvarme de las púas que se encontraban en el fondo a unos 100 metros, empezaba a hacer calor y gritos de dolor se escuchaban de las paredes. Faltaban apenas 50 metros para el colapso entre mi cuerpo y las púas gigantes que cada vez las veía más cerca. Seguía cayendo, me precipitaba velozmente y cuando estaba a tan solo diez metros de las púas escucho un ¡bip bip! ¡bip bip! ¡bip bip!. Abrí los ojos y el despertador me estaba dando la hora de levantarme para ir a mi primer día de clases. Salí de mi habitación y me dirigí al baño a secarme el sudor, me lave los dientes, me peine y salí rumbo a la cocina.
Unté unas tostadas con manteca y dulce de leche y unos buenos mates, me puse la mochila, y me fui a esperar un micro para dirigirme al colegio. Cuando baje del ómnibus, me tope con un ex compañero del primario, Facundito, media un metro con noventa y dos centímetros, era un pibe malo, pero malo por algo que su psicología hacia que sea asi porque, yo siempre intente cambiarlo pero jamás me hizo caso, siempre fue un abusivo en el Colegio. Me acompaño hasta la puerta del establecimiento y me dijo: - ¡Fuerza!
Me metió un tremendo empujón que entre unos cinco metros. Comencé a caminar hacia la puerta y note que tenía una entrada grande y manchada de humedad, la gente que salía de allí y entraba de allí era de rasgos opacos, muy grises, llenos de miedo, muy callados, ninguno se saludaba con ninguno. Parecía a mi sueño, me pellizqué para ver si seguía soñando pero no estaba despierto. Seguí caminando, pensando que era solo una casualidad y entre, note un mal olor que venia del fondo, la gente estaba muy callada y no reaccionaba. Comencé a caminar por un pasillo y en una de las ventanas observe una joven muy bonita que estaba sentada cubriéndose el rostro y llorando. Me le acerque cautelosamente y me senté al lado de ella. Inmediatamente le dije:
- Hola, soy Martín, de 5º Año. – Le dije
Levanto la cabeza y yo recordando mi horrible pesadilla me sobresalte, pero no le faltaban los ojos ni le sangraba la nariz. Tenía unos ojos hermosos, su perfecta nariz, su cabello caía por sus hombros hasta la cintura, me miro y sonrió. Le tome la mano y cuando le iba a preguntar por el motivo de su angustia se escucho una explosión y ella inmediatamente se paro y se metió dentro de un armario.
Al ver su reacción me tire debajo de un banco, pero no entendía porque de esa reacción. En un momento dado, la puerta se abrió y un cuerpo enorme entro, del miedo me puse de espaldas a ella, pero cuando espié por el costado del banco, vi que era una mujer, pero la había visto de espaldas. Note que tenia una soga en la mano y que se dirigía hacia el armario, en ese momento reaccione y me di cuenta que en ese armario estaba la muchacha. Tome coraje y revoleé un borrador contra una ventana rompiendo el vidrio de la ventana. La Mujer salio enfurecida a ver que era lo que había pasado. Me pare y cerré la puerta puse un banco para bloquearla. Una vez hecho eso, corrí hacia el armario y no había nadie en el, saque mapas y borradores de ahí, pero ni rastros de la muchacha, no podía entender que había pasado. Salí muy despacito, y espié para ver si vía alguien pero no me percate que atrás mío se encontraba la portera barriendo y grito:
- ¿Que haces ahí?
Del susto empecé a correr e ingrese a un curso. Muy agitado, pedí disculpas, y me senté a lado de un muchacho. Cuando lo mire me empalidecí, era un rostro muy parecido al muchacho que apareció en mi sueño sentado a mi derecha. Me pare y tire una silla al piso, el profesor dijo, alumno a Dirección y una sonrisa irónica se formo en su rostro. En un principio me negué rotundamente pero luego accedí después de que me gritara un par de veces.
Empecé a caminar hacia la dirección pero algo se interpuso en mi camino, la muchacha, que había estado encerrada en el armario hacia unas horas, estaba ingresando a la Biblioteca. De una corrida veloz llegue a la biblioteca y me resbale, entrando en ella por el suelo. Seguí resbalando asta que me choque una columna de libros negros, estos se cayeron sobre mí. Cuando logre reponerme, alcé la vista y ella no estaba ahí. El Día se estaba acabando y salía del colegio con 5 amonestaciones por tirar una silla.
Un nuevo día había empezado, y otra vez rumbo al colegio, con la pequeña ilusión de poder ver a la joven de ojos bellos. Baje del micro y empecé a correr hacia el colegio y ahí estaba, como por arte de magia parada en una esquina y cuando me vio, empezó a correr en dirección al establecimiento. Mi carrera era eterna asta que la pude alcanzar, a penas la agarre le dije:
- No te asustes, no te voy a hacer nada, quiero que me digas tu nombre…
- Estefanía, Estefanía Moro
- Que bello nombre – replique
- Gracias - contesto con su hermosa sonrisa
- Quisiera volver a verte, ¿puede ser? – interrogue
- Puede ser – y señalo al portón Volteé y no había nada, cuando me reincorpore, ya no se encontraba.
Ese día era el más feliz de todos, había conocido al amor, solamente tres o cuatro palabras de su cautivadora voz bastaron para enamorarme. Entre a mi curso y con menos miedo me senté al lado del muchacho. Pasaron 5 clases, Química, Física, Matemáticas, Biología y Filosofía. Agotado, salía del colegio cuando sentí que me tocaban el hombro, me di vuelta y era Estefanía, mis ojos brillaron como nunca. Ella me miraba y me dio un papel. En el decía: “Malcom 4425 / 21:30hs”. Me había dado un lugar para encontrarnos.
Llegue a mi casa y me metí en la ducha, me bañe con un jabón de glicerina, me seque me puse mi perfume importado, mi desodorante personal, me lave los dientes y me guarde los cigarrillos en la campera. Le pedí el auto a mi padre prestado y salí rumbo a la cita. Cumplí en hora y lugar, baje, pero antes de que toque timbre escuche un chistido, me di vuelta y estaba sentada en el asiento de acompañante de mi coche. Asombrado me subí y la salude. Le pregunte a donde quería ir y me contesto que a donde yo quería. La lleve a un restaurante de los mas fino, luego a su casa. Pero antes de bajar me tomo de las manos y me beso, acto seguido, hicimos el amor en el asiento de atrás del auto.
A la mañana siguiente concurrí igual a clases, aunque un poco cansado, entre y note que ella no estaba en la esquina, ni en la biblioteca, ni en su aula donde la conocí. No me preocupe, ya que era lógico que haya faltado luego de la noche que habíamos tenido.
Subimos en la tercer hora a la sala de Computación y note en la puerta una placa que decía: “En la memoria de la mejor alumna de este establecimiento: “Estefanía Moro”. Creo que mi rostro estaba más blanco que una tiza, estaba tan pálido con lo que acababa de leer que me desmaye y abrí mis ojos en una enfermería. Estaba atado. Y muchos médicos alrededor, uno dijo, hay que operar, y cuando lo mire a los ojos note una mirada de odio.
Luche con todas mis fuerzas para escapar, pero era imposible, pero de pronto las ventanas cerradas estallaron y un viento fuerte vino corto mis esposas que tenia en mis muñecas y pies. Salí corriendo y corriendo llegue a mi casa donde me subí al auto de mi papa, sin autorización previa y me dirigí a Malcom 4425. Cuando llegue, toque timbre hasta fundirlo, de golpe una mujer muy vieja se asomo y grito:
- ¿¡Que pasa!?
- Llámeme a Estefanía por favor.
La mujer me miro por unos instantes y abrió la puerta, me miro a los ojos y dijo:
- No pareces peligroso, pasa rápido…
Me metí en la casa y note que toda la casa estaba llena de fotos, diplomas, medallas y trofeos de Estefanía. La señora me ofreció un vaso de jugo y me obligo a sentarme. Ella también se sentó me miro y empezó a interrogarme:
- Acaso ¿vos estas loco al venir a preguntar por Estefanía acá?
- ¿Por que? – Acote
– ¿acaso esta no es la casa de ella?
- Si, la fue – me respondió - la fue por 18 años.
- ¿Que paso?, ¿se mudo?
- Ja Ja Ja – rió en tono triste – Ella murió en el colegio, en la sala de Computación, hubo un cortocircuito y un monitor estallo y los vidrios impactaron sobra la cara de ella y le dio muerte casi instantánea.
Me pare y con una mezcla de miedo, duda y asombro salí corriendo rápidamente, me subí al auto y me dirigí al colegio, pero cuando llegue, ya no era un colegio sino que en la puerta había un cartel que decía “hospital Neuro-psiquiátrico Municipal”.
La alarma se acciono y muchos médicos y policias se aproximaban hacia mí, atine a correr, pero como no entendía nada, me quede quieto. Los médicos eran mis profesores. Y me metieron en un cuarto que justamente era el salón donde la conocí a Estefanía.
Empecé a mirar a los lados y para mi asombro, ella se encontraba allí, solitaria y apagada, de pronto levanto su cabeza y tenia una sonrisa endemoniada. Se me intento acercar pero yo me aleje. Entonces comenzó a cantar y su canto me atrajo como las sirenas atrajeron a los marinos de Ulises en la Odisea.
Me acerque y me beso. Pero no me beso en la boca ni en las mejillas, me beso en el brazo, grite con muco dolor. Cuando corrió la cabeza, de mi brazo irradiaba sangre increíblemente, grite y grite y nadie me escuchaba, la mire a ella, se rió y en una brebe cadena de segundos se esfumo en el aire.
Yo segui irradiando sangre y siento que el piso comienza a temblar, y las parades se empezaron a aproximar hacia el centro, en poco tiempo, me encontraria aplastado entre las murallas. En un ultimo suspiro comenze a invocar a Dios para que me salvara, y del cielo se escucho una voz muy suave y cautivadora que decia:
- Es la hora, arriba.
Inmediatamente abrí los ojos y vi la cara de mi madre, que alivio era un sueño, me levante y sentía una picazón en el brazo. Cuando me iba a rascar me di cuenta que tenia la marca de dos colmillos en mi muñeca, me deje caer en la cama y comencé a reír.
Autor: Matías García | |
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